La deshidratación de alimentos se posiciona como una alternativa clave para la conservación, el aprovechamiento de cosechas y la reducción de pérdidas postcosecha, especialmente en comunidades rurales y emprendimientos agroalimentarios. Este proceso permite prolongar la vida útil de los productos, manteniendo gran parte de sus características nutricionales y sensoriales.

La técnica consiste en eliminar parcial o casi totalmente el agua presente en los alimentos, lo que inhibe el crecimiento de microorganismos y reduce las reacciones enzimáticas que causan su deterioro.
El método de deshidratación puede variar según el objetivo productivo, la disponibilidad tecnológica y la calidad deseada del producto final. Entre los más utilizados se encuentra el secado por aire caliente, por su equilibrio entre costo, control y calidad, así como el uso de deshidratadores solares artesanales.

En el caso de frutas y otros productos agrícolas, la deshidratación representa una herramienta fundamental para agregar valor a la producción primaria, facilitar su almacenamiento y comercialización, e incorporar procesos agroindustriales sostenibles.
Su aplicación contribuye directamente a la seguridad alimentaria, al mejor aprovechamiento de los alimentos y a la generación de oportunidades económicas para pequeños y medianos productores.

