Por su alta demanda en el mercado y su valor nutricional, el cultivo de tomate se ha consolidado como una de las actividades agrícolas más relevantes para los productores del país, especialmente en regiones con climas templados y cálidos.

Este cultivo se adapta a suelos sueltos, bien drenados y ricos en materia orgánica, lo que permite obtener buenos rendimientos cuando se aplican prácticas agrícolas adecuadas. El uso de semillas de calidad, una correcta preparación del terreno y un manejo eficiente del riego son factores determinantes para lograr cosechas estables y de alta calidad.

El tomate puede producirse tanto a campo abierto como bajo invernadero, modalidad que facilita un mayor control de plagas, enfermedades y condiciones ambientales, fortaleciendo la productividad y reduciendo riesgos para los agricultores.
Gracias a estas características, el cultivo de tomate representa una fuente importante de ingresos para las familias productoras, contribuyendo al dinamismo de la economía rural y al abastecimiento de alimentos en el mercado nacional.

