En esta ocasión, subieron al escenario los miembros del Quinteto Xocomil, acompañados por el pianista Junior Medina, quienes ofrecieron al público presente en el templo un notable repertorio, compuesto por piezas de gran belleza y elegancia que, además, remitían a la nostalgia, la sobriedad y el recogimiento.
Una velada marcada por el recuerdo
El encargado de abrir la velada fue Medina, quien interpretó el vals “Electra”, de Herculano Alvarado, una pieza dulce y melancólica, aunque llena de fuerza, que marcó el ambiente de la presentación.
A continuación, hizo su aparición el quinteto que, en solitario, interpretó la “Pavana para una infanta difunta”, de Maurice Ravel, una pieza elegante que invita a la introspección y a la belleza de los recuerdos.
Los músicos se alternaron en escena
Se sucedieron brillantes interpretaciones en las que el quinteto y el pianista actuaron juntos o por separado, como “Dolor, consuelo y alegría”, de Karl von Latan; el tercer movimiento del Sexteto en si menor, adagio, de Hans Huber; la “Lacrimosa”, fragmento del Réquiem de Wolfgang Amadeus Mozart; y el Quinteto en sol menor, de Ottorino Respighi. Interpretaciones que contribuyeron a la atmósfera de profundo homenaje que fue constante durante la noche.
Por último, los seis músicos se unieron para cerrar la presentación con un clásico de la música guatemalteca: el soberbio vals “Noche de luna entre ruinas”, por demás adecuado a la ocasión, ya que fue compuesto por Mariano Valverde, hondamente impresionado por los efectos del terremoto de 1902. Concluyó así un sentido y bello homenaje al espíritu y la resiliencia del pueblo guatemalteco.
