Como cada año, este 7 de febrero, miles de motoristas partieron desde la Plaza de la Constitución, en la zona 1 de la Ciudad de Guatemala con rumbo a Esquipulas, Chiquimula, motivados por el agradecimiento de las bendiciones del año anterior y las peticiones de prosperidad para el futuro, expresando de manera colectiva su fe y esperanza.
El viaje no se limita al destino final, sino que adquiere significado en el esfuerzo del camino recorrido, entendido como un ejercicio de sacrificio, agradecimiento y renovación espiritual.
De generación en generación
El origen de la Caravana del Zorro se remonta a un reducido grupo de personas encabezadas por Rubén Alfonso Villadeleón, quien junto a amigos y su hijo, emprendió el recorrido devocional.
Con el paso del tiempo, la práctica fue creciendo de forma orgánica, transmitiéndose entre generaciones y consolidándose como una tradición compartida por comunidades de motoristas que encuentran en la fe y la devoción al Señor de Esquipulas un vínculo que va más allá de la motocicleta.
Los peregrinos desempeñan un papel central en la preservación de esta práctica cultural, ya que recrean, transmiten y resignifican la tradición año con año, convirtiéndose en portadores y guardianes del Patrimonio Cultural Intangible como se le declaró a la caravana el 31 de enero de 2011 por medio del Acuerdo Ministerial 102-2011.
En su dimensión simbólica y espiritual, la Caravana del Zorro se vincula con otras romerías tradicionales del país, ya que comparte valores comunes como la gratitud, la fe y el ejercicio colectivo de la espiritualidad.
Estas prácticas refuerzan el sentido de identidad cultural y fortalecen los lazos sociales que se construyen en torno a la devoción y la tradición.
