El sábado 7 de febrero, el sol salió luciendo una chaqueta de cuero negro, en medio del amanecer envuelto en el atronador rugido de motores, mientras miles de motociclistas se preparaban para partir en un largo recorrido hacia el oriente de Guatemala, en un evento que ya es toda una tradición en el país: la Caravana del Zorro.
Esta actividad, que mezcla la fraternidad sobre ruedas con la peregrinación espiritual, consiste en una caravana de motociclistas que recorren los doscientos veintidós kilómetros que separan la Ciudad de Guatemala de Esquipulas, Chiqiuimula, donde los peregrinos motorizados acuden a rendir veneración al Cristo Negro, escultura atribuida a Quirio Cataño.
Durante el acto de salida, Villadeleón instó a los participantes a conducir con un espíritu de hermandad y respeto a las normas de tránsito, para tener un viaje y un retorno seguros. Por su parte, su esposa, Lucy de Villadeleón, saludó a las mujeres motociclistas, cuya participación crece año con año, consolidando su presencia dentro de esta manifestación cultural.
Asimismo, se rindió homenaje póstumo a Dafrio Dahinten, destacada figura del motociclismo nacional, recordado por su aporte y legado dentro de la comunidad motorizada del país.
Luego de recibir la bendición impartida por el sacerdote José Luis Colmenares, un estimado de ochenta mil motociclistas —muchos de ellos asistieron con disfraces llenos de creatividad y alegría— partieron con entusiasmo rumbo al santuario del Cristo Negro. En la Caravana se pudo apreciar una gran diversidad de motocicletas: desde modelos utilitarios hasta imponentes choppers clásicos, todos unidos por la fe y el deseo de culminar, con éxito y seguridad, una Caravana del Zorro más.
