En las comunidades rurales y periurbanas del país, miles de familias han optado por producir sus propios alimentos como una forma de asegurar una alimentación constante, nutritiva y sostenible.
Este modelo permite a los hogares producir alimentos destinados principalmente al consumo familiar, reduciendo gastos y mejorando la calidad de la dieta.

Mediante prácticas como huertos familiares, crianza de aves de traspatio, uso de abonos orgánicos, ahorro de agua y conservación del suelo, las familias aseguran el acceso constante a alimentos frescos y nutritivos.

Además, estas acciones promueven un manejo responsable de los recursos naturales y fortalecen la capacidad de los hogares para enfrentar crisis económicas o climáticas.
Este modelo, basado en el cultivo de alimentos y la crianza de animales menores para consumo familiar, permite reducir gastos, mejorar la nutrición y disminuir la dependencia del mercado.

