
En Guatemala, la tradición de los cascarones constituye una de las expresiones más representativas del Carnaval, previo al inicio de la Cuaresma.
Más allá de su carácter festivo, esta práctica simboliza alegría, convivencia comunitaria y el fortalecimiento de la identidad cultural, adoptando matices particulares en cada región del país, según una recopilación hecha por las Casas de Desarrollo Cultural.
Región central
En la región central, especialmente en el departamento de Guatemala, los cascarones forman parte esencial de celebraciones familiares y comunitarias. Se elaboran con papel de colores y se rellenan tradicionalmente con confeti, representando un gesto lúdico que simboliza amistad, buenos deseos y unión. Las actividades suelen incluir concursos de decoración, desfiles infantiles y dinámicas recreativas que promueven la participación intergeneracional.
Norte
En Alta Verapaz y otras áreas del norte del país, la tradición conserva un fuerte componente comunitario. En estos territorios, los cascarones no solo son un elemento festivo, sino también una herramienta para fortalecer la convivencia social y la organización local. Se desarrollan talleres artesanales, actividades culturales y espacios educativos que resaltan el valor histórico de esta costumbre dentro del contexto del Carnaval.
Occidente
En el occidente del país, la práctica se integra a celebraciones que combinan elementos locales con la tradición heredada del período colonial. Aquí, los cascarones adquieren un significado vinculado a la expresión popular y al fortalecimiento del sentido de pertenencia, promoviendo la creatividad y la participación de niños, jóvenes y adultos en actividades culturales organizadas por autoridades locales y comunitarias.
Oriente y sur
En el oriente y sur de Guatemala, la costumbre mantiene su carácter festivo, asociándose principalmente a encuentros comunitarios, juegos tradicionales y espacios recreativos. En estas regiones, la elaboración y el intercambio de cascarones refuerzan valores de compañerismo y alegría colectiva, consolidándose como una práctica transmitida de generación en generación.
De esta manera, aunque los cascarones comparten un significado común en todo el territorio nacional, su vivencia adquiere características propias en cada región, reflejando la riqueza pluricultural y dinámica que distingue a Guatemala y reafirmando el papel del Carnaval como una manifestación del patrimonio cultural vivo del país.