La gestión sostenible de los suelos y el uso eficiente del agua se consolidan como herramientas fundamentales para prevenir la desertificación y fortalecer la resiliencia de las comunidades ante los efectos de la sequía.
En el marco del Día Mundial de la Lucha contra la Desertificación y la Sequía, que se conmemora cada 17 de junio, el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación (MAGA), destaca la importancia de impulsar prácticas de conservación de suelos y recursos hídricos que permitan mantener la productividad agrícola y proteger los medios de vida de las familias rurales.
La desertificación es un proceso que degrada la tierra y que afecta principalmente las zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas. Este fenómeno es causado por la combinación de actividades humanas y variaciones climáticas, lo que reduce la capacidad productiva de los suelos y aumenta la vulnerabilidad de las poblaciones que dependen de ellos.
Factores como la deforestación, el sobrepastoreo y las prácticas inadecuadas de manejo agrícola y riego, aceleran el deterioro de los recursos naturales, impactando directamente en la producción agropecuaria y en la seguridad alimentaria.
En Guatemala, el Corredor Seco es una de las regiones más expuestas a la sequía y la degradación de tierras. Los efectos de la variabilidad climática, las lluvias irregulares y los períodos prolongados de escasez de agua afectan de forma recurrente la producción de cultivos básicos como maíz y frijol.
El MAGA reafirma su compromiso de impulsar acciones orientadas al manejo sostenible de los recursos naturales, contribuyendo a la seguridad alimentaria, la sostenibilidad agrícola y el bienestar de las comunidades rurales del país.

