
Esta propuesta escénica acercó a los espectadores a una de las obras más representativas del teatro del absurdo, cuya vigencia continúa invitando a cuestionar la condición humana.
Una obra clásica que dialoga con la actualidad
Para comprender la magnitud de esta pieza es fundamental definir el «teatro del absurdo», una poderosa corriente dramática surgida a mediados del siglo XX, orientada a exponer la falta de sentido y la irracionalidad inherentes a la existencia humana. A través de diálogos circulares, tramas carentes de resolución lógica y personajes atrapados en situaciones incomprensibles, este género desnuda la angustia existencial.
La obra escrita por Samuel Beckett plasma precisamente estas características, siguiendo a dos personajes anclados en la espera de la llegada de un misterioso Godot. Entre conversaciones repetitivas, discusiones interminables y encuentros inesperados, los protagonistas se enfrentan a la incertidumbre y al vacío de su propia existencia, elementos estructurales que convirtieron este texto en un cimiento indiscutible del arte contemporáneo.
Para la directora Emy Coyoy, liderar este montaje representó un arduo proceso para la Compañía Artística Midas, que ha perfeccionado la obra durante cuatro años.
«Ha sido una obra muy significativa para nosotros en el trabajo técnico, actoral y también en la parte de la dirección. Es uno de los textos más icónicos del teatro del absurdo; nos ha enseñado muchísimo en todos estos años de trabajo», detalló la artista.

El absurdo visto desde el presente
Sin modificar una sola línea del texto original propuesto por Beckett, la puesta en escena trasladó estas complejas situaciones hacia un contexto contemporáneo, permitiendo a los asistentes reconocer las propias contradicciones de su entorno actual.
«Lo más importante era entender el absurdo de nuestra actualidad. El texto está exactamente como lo escribe Beckett, pero son las acciones y las situaciones las que nos permiten acceder a nuestro presente, reconocer lo absurdo en nuestros días y también como guatemaltecos en 2026», explicó Coyoy.
El teatro como una trinchera de resistencia
La función reunió a decenas de espectadores que alternaron orgánicamente entre las risas, el asombro y una profunda introspección, siguiendo con total atención cada escena de esta propuesta presentada en la XXI edición del Festival de Junio.
Para la directora de la compañía, continuar creando espectáculos escénicos representa un verdadero bastión de resistencia cultural.
«Lo que sentimos, más que cualquier otra cosa, es fervor por nuestro oficio. Resistir desde el amor es hacer teatro, seguir haciendo teatro, con respeto y responsabilidad», concluyó.

La celebración del Teatro Nacional entra en su recta final y aún hay actividades por disfrutar. Consulte la programación y adquiera sus entradas en el sitio oficial del Festival de Junio.