Compartir tiempo en familia no depende únicamente de la cantidad de horas disponibles. También implica brindar atención, escuchar con interés y participar en actividades que permitan a niñas, niños y adolescentes sentirse amados, valorados y acompañados.
El tiempo de calidad puede encontrarse en momentos cotidianos: conversar durante la comida, cocinar juntos, acompañar una tarea, jugar, caminar o preguntar cómo estuvo el día. Lo importante es que durante esos minutos, la atención se concentre en la convivencia.
La presencia fortalece la confianza
Cuando las personas adultas prestan atención a lo que niñas, niños y adolescentes expresan mediante palabras, gestos o emociones, les transmiten que sus experiencias son importantes.
UNICEF destaca que hablar, cantar y jugar con niñas y niños forma parte del cuidado sensible necesario para favorecer su desarrollo. La atención y respuesta que reciben de quienes los cuidan, desarrollan habilidades importantes para aprender, comunicarse y relacionarse con los demás.
Estas convivencias no necesitan ser complicadas. Escuchar una historia, responder una pregunta, mostrar interés por un juego o conversar sobre una experiencia puede convertirse en una oportunidad para fortalecer el vínculo afectivo.
Acompañar también durante la adolescencia
A medida que niñas y niños crecen, las formas de compartir cambian. Durante la adolescencia, el acompañamiento puede expresarse mediante conversaciones respetuosas, interés por sus actividades y disponibilidad para escuchar sin juzgar de inmediato.
La Guía Programática para la Crianza Durante la Adolescencia de UNICEF señala que una comunicación efectiva requiere que madres, padres y cuidadores dediquen tiempo, atención e interés a lo que las y los adolescentes desean comunicar, incluso cuando existen desacuerdos.
Las conversaciones durante una comida, una caminata, un viaje corto o una actividad compartida pueden facilitar que las y los adolescentes expresen sus opiniones, emociones e inquietudes con mayor confianza.
Menos distracciones, mayor conexión
Los teléfonos y otros dispositivos forman parte de la vida cotidiana, pero pueden interrumpir la comunicación familiar cuando concentran toda la atención. Establecer pequeños momentos sin pantallas ayuda a crear espacios para conversar, jugar o simplemente disfrutar de la compañía.
No se trata únicamente de prohibir los dispositivos, sino de construir acuerdos familiares y dar el ejemplo. Las personas adultas también pueden guardar el teléfono durante la comida o mientras escuchan a sus hijos e hijas.
Ideas sencillas para compartir
Cada familia puede adaptar el tiempo de calidad a sus posibilidades, rutinas y necesidades. Algunas opciones son:
- Conversar sobre lo mejor y lo más difícil del día.
- Preparar juntos una comida sencilla.
- Leer un cuento o comentar una historia.
- Jugar, dibujar, escuchar música o realizar una actividad creativa.
- Caminar o realizar alguna actividad física.
- Ver una película y conversar sobre su mensaje.
- Dedicar 15 minutos sin teléfonos, televisión ni otras distracciones.
La Secretaría de Bienestar Social (SBS), por medio de la campaña “Criar con amor, guiar con respeto”, invita a madres, padres y cuidadores a reconocer el valor de estos pequeños momentos.
El tiempo compartido con atención y afecto ayuda a que niñas, niños y adolescentes sepan que cuentan con personas dispuestas a escucharlos, orientarlos y acompañarlos. Porque los vínculos familiares también se construyen en lo cotidiano.
