La tradicional práctica que año con año reúne a miles de motoristas se integra como parte del conjunto de romerías de fe y devoción, mediante las cuales el Ministerio de Cultura y Deportes (MCD) impulsa la nominación de la Veneración al Cristo Negro de Esquipulas como Patrimonio Cultural Inmaterial ante la UNESCO.
Desde sus inicios en 1961, la Caravana ha trascendido su carácter inicial para consolidarse como una práctica representativa de la identidad guatemalteca. A lo largo de más de seis décadas, esta romería se ha transmitido de generación en generación, manteniéndose vigente gracias al compromiso de quienes participan motivados por promesas, agradecimientos y devoción al Cristo Negro de Esquipulas.
La Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial (2003) reconoce cinco ámbitos del patrimonio cultural inmaterial, entre ellos los usos sociales, rituales y actos festivos. La Caravana del Zorro se adscribe a este marco al constituirse como una práctica comunitaria que promueve el ejercicio colectivo de la espiritualidad y la fe, donde el recorrido ritual adquiere un profundo valor simbólico y cultural.
Trabajo desde el MCD
El proceso de nominación ha contado con un trabajo técnico e institucional articulado por parte del Ministerio de Cultura y Deportes, ya que mediante la Dirección Técnica de Patrimonio Cultural Intangible se ha desarrollado, junto a la comunidad de portadores, la preparación del expediente presentado ante la UNESCO.
Este proceso ha implicado labores de documentación, registro, investigación y elaboración de inventarios, cumpliendo con los criterios establecidos, y reafirmando el compromiso del Estado con la promoción, divulgación y salvaguardia del patrimonio cultural inmaterial del país.
La transmisión y conservación de la Caravana del Zorro recae primordialmente en su comunidad de portadores, quienes son los primeros guardianes de esta tradición a través de su participación constante y su compromiso colectivo.
En este sentido, la Veneración al Cristo Negro de Esquipulas constituye una experiencia transversal para numerosos guatemaltecos, por lo que lograr la nominación a través de la UNESCO podría fortalecer el sentido de unidad y orgullo a nivel nacional, ya que no solo se trata de una práctica de espiritualidad, sino también de un evento que permite la interacción y cohesión social. Además, asegura e invita a la salvaguardia del patrimonio cultural intangible guatemalteco como un compromiso colectivo.
