Los términos conservación y restauración describen procesos distintos que responden a objetivos y niveles de intervención diferentes. Ambos buscan proteger y prolongar la vida de los bienes culturales, ya sean piezas arqueológicas, obras de arte, documentos o esculturas, pero lo hacen de formas distintas.
En Guatemala, el equipo de profesionales del Departamento de Conservación y Restauración de Bienes Culturales Muebles (CEREBIEM) son los encargados de determinar cuál es el proceso idóneo para los diferentes tipos de bien cultural.
¿Conservación o restauración?
Profesionales de CEREBIEM brindan definiciones sencillas para estos términos:
- Conservación: conjunto de acciones que se enfocan en prevenir o retardar el deterioro de un bien cultural, procurando la salvaguarda del material constitutivo y estabilidad de la pieza a largo plazo.
- Restauración: implica la intervención directa del bien cultural, con base en criterios técnicos y éticos enfocados en recuperar su legibilidad, estabilidad o función, sin alterar la lectura histórica de este.
Ambos procesos buscan mantener la integridad del bien bajo los criterios de respeto a la autenticidad, la mínima intervención, idoneidad de los materiales, reversibilidad y retratabilidad; esto último significa que los materiales y procesos aplicados a un bien cultural puedan ser removidos o superados en el futuro sin dañar el original.
Conservación
La conservación se divide en dos áreas: preventiva y curativa.
La conservación preventiva no interviene directamente la pieza, sino que controla su entorno. Incluye medidas como regular la temperatura y la humedad, evitar la exposición directa al sol o a la lluvia, usar filtros de luz y asegurar condiciones adecuadas de almacenamiento y exhibición.
La conservación curativa sí contempla intervenciones directas, pero mínimas y puntuales. Se aplica cuando el bien ya presenta un deterioro activo y necesita estabilización estructural. Por ejemplo, consolidar materiales frágiles o sellar grietas para evitar pérdidas mayores.
Restauración
La restauración implica un nivel de intervención mayor. Además de estabilizar la pieza, puede incluir la reintegración de partes faltantes, volumen o color. Se trata de un proceso más invasivo que considera el aspecto estético y la lectura visual del bien.
Por ejemplo, reponer un soporte perdido en una vasija para que recupere estabilidad, o reintegrar color en una obra para mejorar su comprensión visual.
Casos de aplicación
Estas intervenciones se pueden implementar según la necesidad de cada bien cultural; sin embargo, existen constantes en ciertos tipos de piezas.
Por ejemplo, en bienes arqueológicos suele priorizarse la conservación, ya que cada pieza funciona como un documento histórico que aporta información sobre técnicas, materiales y contextos de uso.
En contraparte, en bienes de uso activo, como la imaginería religiosa, es más frecuente la restauración, para asegurar su integridad estructural y su adecuada lectura pública.
¿Qué pasa después de una intervención?
Tras cualquier proceso de intervención, es fundamental un monitoreo constante.
Controlar las condiciones ambientales y evitar cambios bruscos de temperatura y humedad es fundamental para garantizar que la pieza se encuentre en óptimas condiciones a largo plazo.
