Desde los primeros minutos, el público fue testigo de una fusión inesperada y envolvente de danza urbana, circo, tap, tecnología y comedia. Lo más impactante fue descubrir cómo cada salto, cada malabar y cada golpe al piso podía transformarse en sonido. Lo que parecía simple movimiento corporal, de pronto, cobraba vida musical.
Con la ayuda de plataformas tecnológicas, los artistas lograron que el escenario se convirtiera en un instrumento. El piso canta al ritmo del breakdance, las cubetas con sensores suenan como bajos o pianos, y los malabares emiten melodías. Todo al servicio de una propuesta que mantiene al público en constante asombro.
Y ese asombro fue palpable. La conexión con la audiencia fue inmediata. Niños, jóvenes y adultos compartieron la experiencia en cada número, mientras el elenco lograba borrar la línea entre artistas y espectadores. La cercanía y energía en el escenario hicieron que lo cotidiano —un balde, un bote, una pisada— se convirtiera en arte.
La música está en todas partes
Con una propuesta que lleva más de 15 años en el escenario y que ha cruzado fronteras, Badum Circo Musical presenta una nueva forma de entender el arte escénico. Deja un mensaje claro: la música está en todas partes. Basta con mirar, moverse y dejarse llevar por la magia del momento para descubrir que la creatividad no tiene límites y que lo simple puede transformarse en algo extraordinario.
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