El Centro Cultural “Miguel Ángel Asturias” fue escenario del homenaje póstumo de Edgar Quiñónez, actor, director y formador de grandes talentos, cuya vida estuvo profundamente ligada al quehacer artístico y cultural de Guatemala.
Las palabras del viceministro de Cultura, Rodrigo Carrillo, evocaron el sentir colectivo. Durante su intervención expresó: “Lamentamos esta gran pérdida. Hoy nos reunimos para recordar, porque las palabras son pocas para dolores tan grandes”.
Por su parte, Lucía Armas, directora de Difusión de las Artes, manifestó: “Convivimos tanto en este escenario, actuamos aquí, crecimos aquí. Edgar se convirtió en un gran actor, director y ser humano”. Asimismo, recordó su trayectoria junto al maestro y la huella que deja en quienes compartieron con él. “Es triste que alguien con una trayectoria tan sólida nos deje, pero sus hijos deben estar orgullosos de él”, resaltó.
Entrega al arte
Desde abril de 2006, Edgar Quiñónez formó parte del Departamento Técnico Artístico del Centro Cultural, donde participó activamente en la recepción, montaje y dirección de importantes producciones artísticas y eventos culturales.
Además, fue fiel custodio del Festival de Junio, en el que participó desde su primera edición. Su labor fue fundamental en la preparación de conciertos de alto nivel y en el acompañamiento técnico de múltiples montajes escénicos.
Recuerdos compartidos
Para muchos de sus compañeros, Edgar fue más que un colega: fue maestro, consejero y amigo, destacó Edwin Montenegro, encargado de utilería del Teatro Nacional.
Douglas Vides lo recordó como un líder natural detrás del escenario. “Los edificios no son concreto, son las personas. El CCMAA no sería lo que es sin figuras como Edgar. Fue un buen líder y un hombre de consejo, siempre dispuesto a orientar y acompañar”, expresó.
El maestro de iluminación, Josué Sotomayor, indicó que Quiñónez fue su compañero de promoción en la Universidad Popular. “Edgar fue mi amigo, mi hermano. Nos graduamos juntos y toda la vida hicimos teatro. En tiempos difíciles, él me salvó la vida. Es insustituible”, afirmó.
El Teatro Nacional despidió a uno de sus pilares. Las luminarias de la Gran Sala se encendieron para darle las gracias. Porque los artistas nunca dejan de aprender y los grandes maestros nunca se van del todopermanecen en la memoria, en su legado y en la historia viva del teatro guatemalteco.
