El uso de abonos orgánicos como una práctica sencilla y sostenible para mejorar la fertilidad del suelo y apoyar la producción en la agricultura familiar, es una práctica que promueve el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación (MAGA), por medio del Viceministerio de Seguridad Alimentaria y Nutricional (VISAN).
Los abonos orgánicos se elaboran a partir de materiales naturales como restos de cocina (cascaras de hortalizas), hojas secas o estiércol de animales. Mediante un proceso de descomposición natural, estos materiales se transforman en nutrientes que ayudan a las plantas a crecer fuertes y saludables.

Entre sus principales beneficios destacan que:
• Mejoran la estructura del suelo.
• Aumentan la retención de humedad.
• Aportan nutrientes esenciales.
• Fortalecen y nutren las plantas frente a plagas y enfermedades.
• Contribuyen a producir alimentos más sanos.

A continuación, una reseña de los tipos de abonos orgánicos y para qué sirven
• Compost: se prepara con restos vegetales y estiércol descompuesto. Enriquece el suelo y mejora su textura.
• Estiércol (compostado o en té): aporta nitrógeno, favorece el crecimiento del follaje y fortalece el desarrollo de los cultivos. Es recomendable usarlo previamente descompuesto o tratado bajo el sol.
• Lombricompost o humus de lombriz: mejora la retención de agua y estimula el desarrollo de crecimiento y raíces fuertes.
• Bocashi: abono fermentado que nutre rápidamente el suelo y mejora su fertilidad.
• Té de estiércol o bioles: fertilizantes líquidos que se aplican al suelo o a las hojas para fortalecer el crecimiento y la producción.
• Ceniza de leña: desinfecta, aporta potasio y calcio, ayudando en la floración y formación de frutos.
• Hojarasca y restos vegetales: protegen el suelo, conservan la humedad y aportan materia orgánica.
El uso de estos abonos permite aprovechar los recursos disponibles en la comunidad, reducir costos y fortalecer la producción de alimentos para el consumo familiar y la venta local.

