Las parcelas de Chicuá, Quetzaltenango, comienzan a transformarse con la aplicación del Diseño Hidrológico Keyline, una metodología del programa Suelos y Agua para el Futuro que permite ordenar el terreno para aprovechar mejor el agua de lluvia y conservar los suelos.
En este proceso, que cuenta con el apoyo de Catholic Relief Services (CRS), participan técnicos del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación (MAGA), personal de CONRED y productores locales de hortalizas y flores.
En el lugar se establecen tres parcelas con diferentes diseños de Diseño Hidrológico Keyline, como parte del proceso práctico de capacitación que permite trasladar los conocimientos directamente al terreno. Los participantes analizaron las características de cada parcela y plantearon alternativas para mejorar la distribución y el aprovechamiento del agua.
La capacitación combina herramientas básicas, al alcance de los productores, con tecnología que permite obtener información más precisa sobre el terreno. Durante las prácticas se utilizaron niveles de manguera, nivel tipo A, caballetes y otras herramientas sencillas, junto con GPS, tecnología RTK y drones para realizar el levantamiento topográfico.
Con la información obtenida en campo, los participantes elaboraron un plano con la línea madre, las curvas a nivel y líneas clave. Posteriormente, trasladaron la topografía al papel para plantear diferentes propuestas de diseño hidrológico Keyline y así definir cómo puede distribuirse y aprovecharse mejor el agua dentro de cada parcela.
Una de las ventajas de esta metodología es que puede aplicarse sin depender exclusivamente de equipos sofisticados. Las herramientas básicas permiten desarrollar los principios del diseño, mientras que tecnologías como el GPS, RTK y los drones aportan mayor precisión cuando las condiciones de trabajo lo requieren. Esto facilita su adaptación a parcelas de diferentes tamaños y a distintas realidades productivas.
El trabajo desarrollado en Chicuá permite que los productores no solo conozcan la metodología, sino que puedan utilizarla para tomar decisiones para el manejo de sus terrenos. El diseño de las parcelas permite orientar el agua de lluvia, favorecer su infiltración, conservar el suelo y contribuir a reducir riesgos asociados a deslizamientos.
Poco a poco, las parcelas de Chicuá toman otra forma y, sobre todo, otra funcionalidad: los productores aprenden a diseñar sus terrenos para conservar el suelo, aprovechar de manera más eficiente el agua de lluvia y contribuir a prevenir riesgos asociados a deslizamientos.
Así avanza Suelos y Agua para el Futuro: aprendiendo directamente en el territorio, combinando conocimiento, herramientas y tecnología, y haciendo que ese aprendizaje quede en las manos de quienes trabajan la tierra.
